Estos tratamientos permiten abordar múltiples alteraciones cutáneas de forma no invasiva. Entre sus aplicaciones más frecuentes están:
- Mejora del tono y la textura cutánea (manchas, poros dilatados, piel apagada, arrugas finas…)
- Tratamiento de lesiones vasculares (rosácea, telangiectasias, arañas vasculares).
- Lesiones derivadas del acné, como rojeces o marcas postinflamatorias.
- Rejuvenecimiento fraccional no ablativo, que estimula el colágeno y la regeneración cutánea sin dañar la superficie de la piel.
- Eliminación de tatuajes y micropigmentaciones no deseadas.
Cada tipo de láser o luz pulsada tiene una indicación concreta, por lo que es esencial realizar una valoración médica previa para seleccionar el tratamiento más adecuado según el tipo de piel, la lesión a tratar y los objetivos terapéuticos.
